Hoy quiero invitaros a adoptar animales, una vez más. Pero esta vez con un matiz especial, recordaros a los animales especiales que han sufrido alguna enfermedad o amputación, que también buscan hogar y unos adoptantes igualmente especiales capaces de entender lo mucho que van a recibir de ellos.
Y dedicarle un recuerdo a Zulu, un precioso gatillo...
tuerto, tuerto del todo debido a una infección en el ojo que obligó a quitárselo. Pero no le hizo perder ni pizca de su encanto. Siempre tendrá un lugar en mi recuerdo, mi Zulu.
Suelo hacer fotos a todos los animales 'silvestres' muertos que me voy encontrando con la idea de poder observarlos mejor. La teoría está bien, pero en la práctica hay problemas como que en muchas ocasiones están en un sitio poco accesible, las condiciones de luz no son buenas, no llevo una buena cámara encima y uso la del móvil, que es manifiestamente mejorable; además de que mi capacidad como fotógrafa es también manifiestamente mejorable.
Todos estos incovenientes se juntan en esta foto. El pajarillo estaba en el suelo, detrás de un enrejado, en algún pueblo de Segovia, y había muy poca luz debido a que era un día muy oscuro. Tuve que poner a prueba mi elasticidad para ensayar distintas contorsiones, a cual más ridícula, con el objeto de pasar la mano entre las rejas y poder enfocar al animalillo. El éxito del intento era el que cabí esperar, dudoso. Porque no logro identificar a este juvenil tan bonito, con esos mofletes redonditos. La pena es que el pico apenas está definido en la imagen. Era de color gris, más claro en el pecho que en el dorso, alas y cabeza. Como ya he comentado tenía unos mofletes bien definidos que le daban un aspecto muy simpático. El tamaño -hablo de memoria ya que la foto la tomé hace unos meses- sería un poco menor que el de un mirlo adulto; el animalito parecía muy joven a pesar de tener el plumaje definitivo y estaba bastante rollizo, una pena que muriera tan pronto.
El resultado de mi esfuerzo para fotografiarlo (después de besarme efusivamente a mi misma en ambas mejillas por lo bien que lo hice) está aquí.
¿Alqguien puede ayudarme a identificar este animalejo?. ¡Graciaaaas!.
La cosa es así de sencilla. Una salamanquesa gorda y jugosa se evadió del calor de un par de días de verano en el portal de mi casa. Debía estar muy agusto con tantos insectos para cazar por las noches, y una pared fresquita para descansar durante el día. Me preocupó que alguien le diera un escobazo, la gente no suele tener mucho aprecio por estos reptiles y ya me han contado varias veces la superstición de que si se están en tu dormitorio pueden caerse en tu boca y matarte.
Afortunadamente para el reptil, ni estaba en el dormitorio de nadie, ni nadie reparó en su presencia. Si tuviera más tiempo dedicaría un par de párrafos a las almohadillas especiales de sus dedos que le permiten adherirse a la pared de esa manera (lo haré en otro post). Si hubiera tenido mejor cámara la foto también sería mejor.
Pero para mi es un buen recuerdo de lo cerca que tenemos tantos animales pequeños en los que no solemos reparar, y mejor así para ellos.
Exactamente en el mismo sitio, y con el mismo tamaño los dos. La pena es que no coincidieron en el tiempo. La foto del saltamontes es del 20 de abril, y la de la mantis del 22 de octubre.
Hubiera sido muy interesante ver qué hacían estos dos si llegan a estar juntos. Gerald Durrell escribió un capítulo inolvidable sobre la lucha a muerte entre una mantis y una pequeña salamanquesa, todavía siento terror al recordar cómo describía el abrazo de la mantis.
Un día decidí probar si dolía el pellizco que podían dar estas estilizadas parientes de las cucarachas, las mantis. Duele muchísmo y además el bicho tiene una fuerza inesperada para su tamaño. Redobló mi respeto por las mantis, que me parecen hermosas y repulsivas a la vez.
Imágenes de perros de un suburbio de Bombay, India, con pelaje
de color azul, están dando que hablar en las redes sociales y medios de
todo el mundo. Lamentablemente no se trata de un efecto de un filtro de
fotografía, si no que es un efecto de la contaminación con desechos
químicos.
Los primeros en alarmar sobre la existencia de estos “perros azules”
habrían sido integrantes de una asociación protectora de animales del
municipio de Navi Mumbai: “Hemos detectado alrededor de cinco perros
aquí. Fue espantoso ver cómo la piel blanca del perro se había vuelto
completamente azul”, declararon en el diario Hindustan Times.
La organización presentó una queja ante la Junta de Control de la
Contaminación local en la que acusó que en la zona industrial de Taloja
se vierten desechos químicos directamente en el río Kasadi. Después de
investigar el caso, la dependencia confirmó que cinco o seis perros se
pintaron de azul después de entrar a buscar comida en una fábrica que
estaba usando una tinta de este color para hacer detergentes. Los
funcionarios le dieron siete días para limpiar la zona y eliminar el
tinte que estaba descargando.
Desde la organización protectora de animales indicaron que los perros
están regresando a su color blanco gracias a la lluvia, pero aún tienen
infecciones en los ojos.
Aunque la fábrica puso rejas para impedir el paso de animales, los
perros siguen bebiendo del agua con residuos químicos que corre por el
río, lo cual representa un riesgo también para los trabajadores, que
sufrieron problemas oculares y dolores de cabeza.
En la zona industrial de Taloja, en las afueras de Bombay, trabajan
76.000 personas en 977 fábricas de productos químicos, farmacéuticos, de
ingeniería y procesamiento de alimentos, según datos de la fundación de
transparencia Watchdog. El río Kasadi tiene niveles de contaminación 13
veces superiores a lo aceptable.