domingo, 11 de septiembre de 2016

Mejor lo pienso y cuando lo sepa te contesto

No soy especialmente introvertida por naturaleza. O al menos eso me figuro, porque sí que he conocido a personas a las que la timidez les mantenía en un estado de ansiedad constante tal que les hacía parecer a punto de sufrir una crisis de angustia...constantemente. Sé que cuesta abrir la boca y hablar, he procurado ayudarles de la mejor manera que se me ocurrió en cada momento. Lamento decir que no pienso que estuviera muy acertada, porque es muy violento para alguien que teme la interacción con los demás verse señalado por eso mismo. Tomo nota. Así, no. Así, definitivamente no.

Decía que no soy especialmente introvertida de fábrica, vamos. Que si algo me llamaba la atención cuando era niña, preguntaba sobre ello sin más. Tenía, eso sí, una tendencia a estar callada, a pensar en las cosas tranquilamente. Pero la alternaba con fases en las que estaba revolucionada a tope, el mundo giraba rápido y yo no paraba. No tengo mucha más idea de esto porque nadie me ha hablado de ello, a vosotros os han contado historias de cuando erais pequeños?, a mi no.

A mi, no. Ese es parte del problema. En un momento dado todo lo que era mi universo conocido disminuyó hasta el tamaño de un punto y desapareció bajo la ventanilla del avión. A partir de ahí el paisaje natural y familiar cambió totalmente, y entré en una fase en la que existían muchas normas, pero nadie te las contaba. Te enterabas de que estaban ahí cuando te las saltabas. Y dejadme que os diga que era bastante fácil quebrar esas normas por el mero hecho de respirar o tener dos piernas y usarlas a menudo para desplazarse.
Bien, esa fue la nueva fase, y no fue divertida en absoluto. El caso es que tuvo el efecto de incrementar dramáticamente mi tendencia a callar y desconectar del mundo exterior, con la consecuencia de que cada vez me resultaba más difícil hablar deltante de nadie. Y temía hablar, la falta de costumbre de hablar incrementó mi ansiedad a hacerlo.
O sea, que sin ser especialmente tímida, pero sí algo introvertida, pasé a ser alguien que tenía miedo de hablar y no sabía como hacerlo.

Ahí lo dejo. Lo superé y me costó mucho. Pero sigo teniendo el gran defecto de que tardo en hablar, y prefiero pensar un poco antes de contestar. No por prudencia, no, es que me cuesta entender el sentido con el que se dicen muchas cosas. Es una lata. Pero mejor me lo pienso, y cuando crea que lo entiendo, te contesto.

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